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En el restaurante del viejo San Juan: Confesiones entre Poeta y la Mujer de Boca Grande

Posted in 3er Encuentro: 2da Parte on abril 28, 2006 by Neftalí Cruz Negrón

Tercer Encuentro: Segunda ParteCaminamos con cuidado por los adoquines desnivelados del Viejo San Juan; ella se aferraba a mi codo. En un momento en el cual tropezamos, ella enlazó mi brazo con el suyo. Me sentí feliz de estar tan cerca de ella. (Al instante imaginé que un turista nos detenía para tomarnos una fotografía, o que un pintor nos pedía con insistencia que fuéramos el modelo para un cuadro.) Quedé fascinado con la fuerza que ejercía su antebrazo. Cada vez que presionaba, se me aceleraba el corazón de alegría.Llegamos a un restaurante: la iluminación era sombría, se escuchaba una suave música brasilera; las paredes estaban empapeladas con espejos; había cuadros con espléndidos paisajes, pipas extrañas; las mesas tenían manteles rojos intensos, y encima de éstos, servilletas y copas finas, cubiertos plateados, platos en cuyos bordes tenían símbolos de los que no sabía el origen. Comentamos favorablemente sobre el restaurante; la moza fue muy diligente con nosotros y nos dirigió al mejor lugar. Saqué la silla para que se sentara mi adorada Mujer de Boca Grande; se sentó y me dio las gracias y dijo que era muy amable. Después que leímos el menú y ordenamos, hubo un pequeño silencio. La observé inquieta y de inmediato comencé a sentir una turbulencia de impulsos: vi que ella se cruzaba de brazos a la vez que me miraba graciosa; levantó una ceja, hizo una sensual mueca con los labios y sonrió juguetona, y dijo naturalmente:

—Continúas sorprendiéndome, Poeta… He leído y leo tu Blog… Desde un principio supe que la Mujer de Boca Grande tenía algo de mí.

—Te aclaro que no tiene algo de ti, sino todo…

—¡Ay! Déjame decirte algo antes que se me olvide. ¿Qué vas a hacer el viernes 28?

—Por ahora no tengo ningún plan; ¿por qué de la pregunta?

—Bárbara Forestier ha organizado otra ‘lectura de cuentos’ en el Café Berlín. Me gustaría que fueras, y nos acompañaras.

—Si tú vas, seguro que estaré allí. Sabes cuánto sueño por verte, y de compartir contigo.

—Perfecto. Nos encontraremos allí entonces… Pero retomando el tema: vitalmente me impresionas, me intrigas, Poeta… En ningún otro Blog he leído una obsesión tan genuina, tan dramática y tan bellamente contada. Tienes una mirada para los detalles que es envidiable. Nadie más que yo sabe cuán fiel has escrito todo; has contado lo más importante; y me deja sin habla la hermosura de tus palabras. Gracias, en verdad.

—Al contrario, gracias a ti. Toda mi escritura, mi inspiración, mi sensibilidad, ha cambiado desde que te conocí.

—Lo fascinante, poeta, es cómo absorbes nuestros encuentros, nuestras palabras, nuestra realidad y las pincelas de poesía, las enmarcas de ficción; es difícil deducir si lo que cuentas es real o ficticio. Además que cuentas tu punto de vista, lo que piensas y lo que sientes, tus impresiones sobre mí…, que me maravillan. Lo cuentas todo de manera tan especial.

—Varios amigos y amigas han creído que los dos primeros encuentros fueron travesuras de mi imaginación, y que no existe tal Mujer de Boca Grande.

—Bárbara Forestier me conoce; ella lo comentó. Además de Bárbara, hay dos ‘Fantasmas’ que te visitan y te comentan… que saben quien soy.

—Te confieso que hay un ‘Fantasma’ que tú no conoces, pero que está al tanto de nuestra situación, que sabe que existes, y de lo perturbado que estoy por…

—Se han solidarizado contigo, Poeta; percibo sinceridad de parte de los que te comentan; me alegra que te hayan deseado lo mejor.

—Realmente, todos han sido muy generosos. En mí tienen un amigo.

—Aprecio a tus ‘Fantasmas’, lo digo con mucha franqueza. Me preocupa algo: que me tomen a mal. Confundida…, no puedo más estarlo. Tienes que decirles que me caes bien cada vez más, que te admiro mucho; creo que eres un hombre muy bueno, sensible y diáfano, como pocos. Pero tus ‘fantasmas’ deben entender que tengo un gran dilema que me ata, y primero tengo que desanudarla. Debes decirles, y sabes, que me gusta hacer las cosas correctamente.

—No van a pensar nada de ti. No tienes culpa. He sido el que ha elegido este sufrimiento, el que ha querido desentrañarse de dolor. No te preocupes, mis fantasmas comprenderán; todos son extraordinarios.

—Has hecho un gesto extremadamente hermoso, Poeta. Existen mujeres que sueñan con que un hombre les escriba algo semejante, como lo has hecho conmigo. Me has tratado divinamente, Poeta, en esta historia. Creo que por eso es que los comentarios han sido tan favorables; en cierta u otra forma te admiran; especialmente, a las mujeres las has conmovido, las has imantado.

—Los ‘Fantasmas’ son parte de esta historia. Créeme que aunque tú eres la mujer por quien me apasiono y me desvelo, y a ti es a quien dedico mis palabras, yo escribo pensando en cómo agradar a todos mis ‘Fantasmas’.

—Quisiera saber por qué tus ‘Fantasmas’ son mujeres: aparte de Quirón, Verde Oscuridad y de nuestro amigo Emilio del Carril, por supuesto.

—Te adelanto que muchos amigos me notifican que me leen, aunque no comenten. Pienso que se sienten más cohibidos de expresarse de lo que son ellas…

—Poeta…, de ellas precisamente quisiera que me hablaras, que me las describieras. Me interesa saber si han preguntado por mí, qué te dicen, si has conocido algunas…

—Si de describirlas se trata, tendría que tomar todas las palabras hermosas del diccionario. Pero no te puedo negar nada: para contigo ‘negación’ no existe. Pero no creo que tengo el tiempo suficiente para describirlas, o para decirte con quién hablo, quién me anima y me motiva a seguir adelante, o a quiénes he conocido, y te sorprenderías quién ha sido mi pañuelo de lágrimas. Tal vez orgullosamente te contaré de ellas, pero en otro momento…

Nos interrumpió la moza, quien nos trajo la comida. Mas tomemos esta parte de la historia con calma; contaré prontamente lo que pasó durante la cena y la conclusión de esta magnífica tarde con la Mujer de Boca Grande.

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