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En una noche en el jardín de las miradas

Posted in 1er Encuentro on abril 8, 2006 by Neftalí Cruz Negrón

Primer Encuentro

Cuando entré, la vi contenta con esa sonrisa que remolina océanos. Y rápido, su presencia me engalanó de nervios y revoluciones. La vi arrullando a todos con sus anillos de labios. Todos aceptaban gustosamente ser marionetas. La vi hipnotizando a tumultos, con esa boca Himalaya, meta de los alpinistas. Sí, ella misma…, la Mujer de Boca Grande, la primera maravilla del mundo.

Tan pronto la curiosidad ató su mirada con la mía, me sonrió con ese campo de orquídeas blancas, y me ordenó que fuera donde ella, para que me llenara de su encanto, para que catara su molde refinado. Ya no tuve más voluntad y amorosamente me convertí en otra marioneta.

Pude ver de cerca la vereda de sus ojos que se duermen cuando ríe. Nuestras mejillas chocaron y desperdiciamos un beso que se perdió en el aire. Le iba a decir que se veía mágicamente hermosa, pero sonrió, y quedé en silencio. Ella me invitó a que nos sentáramos. (Junto a ti, no lo podía creer, qué momento de ensueño). Acaparamos la atención; éramos blancos de todas las miradas, que sangraban por nuestra sencilla postura de dos que solos conversan.

Una vez sentados, por varios segundos nuestras miradas se atacaron veloces. Nos espiábamos cada sílaba de nuestro rostro, de nuestro cuerpo. No sé cuáles fueron sus pensamientos, pero lo más seguro fueron dudas, descartes o probabilidades. En cuanto a mí, me convencí que nací amándola y que respiraba su nombre, y que deseaba a gritos un beso suyo para inmortalizarlo en mi memoria.

Angelicalmente se acercó y vi su boca que se agigantaba como si fuera a tragarme. Susurró unas palabras benévolas que no escuché, por mis nervios, pero que supe lo que decía por la lectura que le daba a su boca: que ella sabía que la poemizaba, que se sentía halagada, que nadie la había enmarcado en tan inspirados versos; sin embargo, me recordó que tenía primero que resolver unas pequeñas cosas.

Le contesté que todo era cierto y que la comprendía, pero que no me olvidara nunca, que me guardara en cada punta de su cabello. Inmediatamente sonrió reina, sus ojos remaron de gratitud. Y tiró su cuerpo contra el respaldo de la silla, colocó los índices detrás de la nuca, comenzó a sacudir y a revolcarse el pelo, y lo llevó hacia el frente con el fin de que coronara su pecho. (Me aturdí ante esos movimientos simples, y lloré por dentro). Ladeó su cabeza y me regaló una mirada de breve sensualidad. Protuberó los labios, y al momento desquicié por ellos. Me pronunció unas palabras, que no pude escuchar, pero que por la contorsión de sus labios leí un ‘me hacía falta sentirme tan bien… gracias’.

¿Cómo se interpretan estos gestos y estas palabras? Descarte…, probabilidad…, agradecimiento… No sé. Nos despedimos, y llegamos a un acuerdo tácito de volver a vernos. Me fui cabizbajo entre la alegría de haberla visto de nuevo, y la tristeza de no haberle insinuado con mi voz cuánto amo besar su boca grande. Pero habrá otra ocasión, otra vida…, en otro universo.

No se preocupen, les estaré al tanto de todo; y les contaré del próximo encuentro con la Mujer de Boca Grande. Espero que el destino evite que esta historia tenga un final abierto.

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